El especialista brindó su visión sobre el estado actual de la interoperabilidad y el uso de los nuevos estándares.

El intercambio de información clínica entre organizaciones de salud que utilizan tecnologías diferentes permite garantizar la continuidad del trabajo asistencial. De eso se trata la interoperabilidad: hacer posible que todos los actores del sistema de salud puedan compartir datos y documentación electrónica sin alterar la seguridad y la confidencialidad. La organización internacional HL7, que promueve la adopción de estándares que faciliten este proceso, desarrolla las herramientas que hacen posible este objetivo. Publicado en diciembre de 2018, FHIR v4 (Recursos de Rápida Interoperabilidad de Atención Médica, por su sigla en inglés) es la última versión del estándar de intercambio de datos de salud que, según afirma la entidad, se puede utilizar en una gran variedad dispositivos, aplicaciones y ambientes.

Diego Kaminker, es también uno de los directores del comité internacional de la organización y coordinador y coautor de cursos virtuales de capacitación sobre los estándares de HL7. Entrevistado durante las XIV Jornadas Universitarias de Informática en Salud, organizadas por la Dirección de Informática en Salud del Hospital Italiano de Buenos Aires (DIS-HIBA), Kaminker abordó cuál es el estado actual de la interoperabilidad en la Argentina y cómo llegar a las nuevas generaciones de programadores.

¿Qué tan difundida está la interoperabilidad hoy en la Argentina?

Con Fernando Campos (jefe de Ingeniería de Software del HIBA y el actual presidente de HL7 Argentina) trabajamos en interoperabilidad con HL7 desde 1999, y recién en estos dos últimos años creo que estamos cosechando los frutos de estas dos décadas. Esto es así, quizás, porque cuando empezábamos nuestro mercado no estaba muy maduro, ya que para requerir interoperabilidad es preciso primero tener sistemas andando, que puedan intercambiar información. Como por entonces la historia clínica electrónica (HCE) no estaba muy difundida, la interoperabilidad que a nosotros nos importa, que es la continuidad asistencial y el intercambio de información clínica, tampoco estaba extendida. En ese momento sí había sistemas de facturación: la interoperabilidad impactaba principalmente en la parte administrativa, y había también algunos sistemas auxiliares, como los sistemas de imágenes que se podían conectar. El interés por intercambiar información clínica del paciente comenzó a nacer en los últimos cinco años.

¿Qué proyectos podría destacar en ese sentido?

Más allá de lo administrativo, el primer proyecto público-privado local del que participé fue hace tres o cuatro años, cuando un grupo de financiadores y prestadores del sistema de salud se pusieron de acuerdo sobre lo que podían intercambiar como información adjunta a la facturación, como el estudio que se hizo una persona o la epicrisis que tiene una historia clínica. Todo eso para también dar un marco que permita intercambiar documentos y tener portales de pacientes. La Red Nacional de Salud Digital (se propone lograr la interoperabilidad entre los sistemas de información de las organizaciones de salud de todo el país) que empezó a desarrollar la Secretaría de Salud es un proyecto parecido, que permite a los médicos acceder a la información de salud de los pacientes sin importar donde se hayan atendido. En la región, también desde hace cinco años estoy empezando a ver mucha más adopción de HCE. Chile, por ejemplo, es pionero: tiene HCE ambulatoria en casi todos los hospitales. Pero extrañamente sin interoperabilidad, ya que no todas las instituciones se pueden ver entre sí. Recién ahora están haciendo algunos proyectos en ese sentido. Creo que el problema de la región es la inestabilidad. Y, justamente, este tipo de iniciativas requieren trabajar durante diez años. Demandan continuidad.

¿Creció el interés en interoperabilidad?

Creo que sí. Al haber más adopción de sistemas de HCE, los médicos quieran tener más información relevante sobre los pacientes. Desde HL7 nos interesa el intercambio de información clínica, para mejorar el workflow asistencial. Los procesos administrativos se van a eficientizar por sí solos, ya que siempre se va a buscar la manera de facturar lo más eficientemente posible. El campo clínico, en cambio, tiene otras reglas. Pero con toda esta cantidad de información que ahora está disponible, en Estados Unidos, por ejemplo, muchas veces sucede que el médico no puede leer 200 documentos si tiene 15 minutos para entender al paciente. Entonces, directamente ni los lee. Frente a eso, se están desarrollando visores con resúmenes de lo que es más importante para el médico en una sola pantalla. Esos son nuevos desafíos que surgen de la interoperabilidad, pero no son culpa de ella. Es una cuestión que debemos resolver: ¿qué hacemos con toda la información que antes no teníamos?

En general, ¿cuál es el avance de la interoperabilidad en las clínicas y hospitales privados de la Argentina?
Hacen interoperabilidad, aunque sea sin darse cuenta. Porque cuando se instala un software de laboratorio o una HCE, las instituciones se van a terminar comunicando porque los médicos quieren ver los resultados y quizá lo hacen sin un estándar. En general, todos los proveedores de software de HCE o de laboratorio ya usan HL7, aunque quizá la versión 2. Tienen tecnologías más antiguas pero que están probadas. No hace falta tener la última tecnología para poder intercambiar dentro de un mismo hospital. Pero si queremos intercambiar información entre distintas instituciones de salud también es preciso acordar el vocabulario, que es otra de las tareas que hizo la Red de Salud Digital.

¿Cuales son las posibilidades que brinda FHIR, la nueva versión de HL7?
Lo más importante es que permite que los programadores jóvenes lo usen. Hasta ahora, cuando le mostrabas HL7 a un programador de 20 o 25 años, no podía creen que se utilizara eso, abandonaba el proyecto. FHIR es una tecnología basada en API (Interfaz de Programación de Aplicaciones) REST (Transferencia de Estado Representacional), el tipo de arquitectura que utilizan todas las aplicaciones: Google, Facebook, Twitter. Otra ventaja es que en la Argentina estamos adoptando FHIR al mismo tiempo en que se lanza en todo el mundo. Esto no sucedía con las anteriores versiones -HL7 versión 2 y CDA-, que a nivel local se adoptaron mucho más tardíamente. Entonces, con FHIR estamos al mismo nivel que los demás países, lo que nos da la posibilidad de estar actualizados y usar un estándar que ni está cinco años atrasado ni está muy adelantado. También es importante entender cuál es tu comunidad de desarrolladores; por eso, estamos dando cursos FHIR y HL7 desde hace diez años. Actualmente hay unos 6.000 desarrolladores en todo el mundo.

Dada la escasez de recursos humanos formados en tecnología informática, ¿como forman y difunden los conocimientos en FHIR?

En HL7 tenemos un curso virtual de formación que es muy accesible. Bajo esa modalidad formamos a los desarrolladores, o a quien le interese, tanto en los estándares HL7 anteriores como también en FHIR. Por lo general, los interesados son programadores que ya trabajan en el área de Sistemas de alguna institución de salud. Es así como surge el interés y la necesidad de capacitarse. Junto con la Dirección Nacional de Sistemas de Información Salud este año capacitamos a cerca de 200 desarrolladores de todo el país en FHIR. Fue una de las iniciativas más importantes para crear conciencia en las provincias sobre lo que se puede hacer con esta herramienta.

Fuente:
Hospital Italiano

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